·Caso Nº27·
Desde pequeño he vivido todas las comodidades que se pueden pedir...
Tenía la típica familia japonesa, mi hermano; un hombre ya, de 38 años que se había recibido para trabajar al costado de mi padre en la CIA (Agencia Central de Inteligencia, que por supuesto estaba ligada a "nosotros" La agencia de Seguridad Nacional; de Japón.
Aunque al principio no me gustaba la idea, la familia siempre trabajó ahí durante generaciones y era algo irrompible.
A pesar de la seriedad que abarcaba todo ese círculo, tuve la suerte de conocer a Hal, con el que ya compartimos 3 años juntos.
Hace bastante nuestro amor se hizo tan fuerte que llegó a regalarme un plateado y brillante anillo, que ahora los dos llevábamos en nuestros dedos anulares; símbolo de nuestra futura unión.
A él lo conocí en la CIA, el ojo derecho de mi padre, y del suyo también, todos trabajabamos allí ...
Un día todo lo que es 'mi vida' dió la vuelta radicalmente.
-Matsumoto!.. Debo darte una noticia... un poco dura para todos, y sobretodo para ti...- Me dijo mi padre intentando fingir dolor por mis futuros lamentos, en un tono frío; él jamás acepto demasiado lo nuestro, pero disimulaba muy bien nuestro confort delante de la gente. Puras apariencias.
-¿Recuerdas a 'Los Enmascarados'?-
Sí señor- Respondí - Seguimos en la búsqueda de los desaparecidos, y el caso 27 sigue abierto. Seguí diciendo.
-Secuestraron a 5 más...- Dijo mi padre sin despegar los ojos d la carpeta.-
También desapareció Hal... Tenemos sospechas que quizás desapareció junto el resto de personas.- Continuó diciendo.
Yo quedé fríamente petrificado, mi corazón dió un vuelco, pero demostré serenidad y que me importaba lo justo.
Aunque dentro mío quería llorar desconsoladamente, imité la rudeza de mi padre.
Respiré profundo y dije:
-¿Ellos lo secuestraron?-
-No estamos seguros, es la única esperanza que queda de su paradero.- Respondió.
Y como si fuera un trabajo más le respondí:
-Los buscaremos, Sir.-
A mi padre le gustaba que yo le tratase de Usted y que me refiriera a su persona como "señor" o "Jefe", desde siempre fué asi, incluso cuando era pequeño. Pero ya me había acostumbrado y no replicaba lo más mínimo.
Pasaron semanas... después meses... Y finalmente pasó un año desde su desaparición...
Llegó el otoño y las hojas de los árboles caían y se volaban, y mi esperanza, con ellas.
Más tarde salieron nuevos casos que resolver, y el Caso 27 quedó paralizado.
El tiempo seguía transcurriendo, y a pesar de que siempre miraba su foto sonriente que llevaba en mi billetera, empezaba a olvidar su voz.
Tal vez ya no esté vivo... Tal vez Dios me arrebató a lo más sagrado que yo tenía.... O... No, Los enmascarados no eran Dios, yo los encontraría, aunque solo fuese para recuperar el cuerpo de mi amado.
Esa noche no fue linda, me retorcí de tanto llorar, recordando aquellos "Te quiero" que me decía al oído, y cuando me pasaba el brazo por encima mientras dormíamos... Minutos después me dormí con las mejillas húmedas.
Hacía un tiempo atrás había conocido a un joven y audaz muchacho, yo había entrado a la cafetería de siempre y me dispuse a tomar mi café con leche de siempre. Eso me tenía fresco y sereno, ya que a la noche solía dormir poco, me quedaba en vela intentando descifrar tontos enigmas que los asesinos hacían en las paredes o en las víctimas.
Saqué mi carpeta de archivos y me dispuse a mirar un rato largo, cuando estaba entrando en el tema, unas carcajadas y risas me desconcentraron, era la mesa de en frente.
Reían y conversaban fluidamente hasta que uno se detuvo en mi mirada, tenía aspecto de chino, en realidad todos, me quedé un rato mirándolo intrigado por su origen hasta que me di cuenta de mi descarada actitud y le sonreí, apenas.
Él me mostró la sonrisa entera y desde entonces, no despegaba su mirada de mi mesa. Lo que me inquietaba, ciertamente.
Cuando ya me disponía a abandonar el lugar y continuar mi trabajo, él se cruzó en mitad del camino y se presentó extrovertidamente:
-Me llamo Takanori Matsumoto- Dije serio.
- Uh! que nombre de militar - Río el villano, pero yo no le encontré la gracia al chiste. - Perdon -continuó- ¿ como te puedo llamar ?-
-Ruki- Dije firme, él sonrió y me chequeaba con la mirada detenidamente, como si algo de mí llamara su atención.
-¿Quieres dar una vuelta? - Simpatizó.
-Claro... asi me aireo de esto.- Dije menospreciando mi carpeta que sostenía en la mano.
Caminamos por todos lados y él no dejaba de hablar, lo que me hacía bien para olvidar mis problemas, la verdad empezó a confiarme cosas, que para mí estilo eran íntimas.
-Sabes, yo estuve en la cárcel un año...- Dijo demostrando rudeza.
-Yo trabajo en la CIA.- Dije con un poco de intriga por su contestación.
-P-pero... era ilegal, ahora estoy sano.- Sonrió levemente.
-Jaja! No te preocupes...- Me reí para romper el hielo, tal vez si le contaba mi vida se espantaba.
Por suerte me escuchaba con atención y pretendía al final de cada palabra que continuase hablando.
Le interesaba saber como "se veía la vida desde el otro lado"; supongo que quiso decir el lado de los policías.
Más tarde me pidió mi número y nos despedimos.
Y así es como conocí a este joven, que poco tiempo más tarde se convirtió en una persona especial.
