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viernes, 17 de septiembre de 2010

[Capítulo IX] Parte II


"Cálidos ojos inundados"



Por fin amaneció; Ruki seguía durmiendo cuando yo desperté, era muy temprano aún...
Mi cuerpo estaba dolorido, y no había dormido muy bien.
El reloj digital marcaba las 7:14 de la mañana; pero yo ya no tenía sueño, así que me levanté y comencé hacer el desayuno en la cocina, con la puerta cerrada, para no molestar.

No se que me estaba ocurriendo, mi cuerpo cedía inconscientemente.. tenía la mirada fija en la ventana, al patio trasero... miraba el garaje, no recordaba tener uno...

Cuando me quise dar cuenta ya había preparado todo, un desayuno para dos; y en ese momento entró Ruki, nos pusimos a desayunar, él estaba como siempre, simpático e incluso activo, se notaba que había descansado bien.


Durante esa semana, no lo vi mucho... Él tenía mucho que estudiar y yo estaba ausente con los exámenes y todo eso.

        Otra tarde fría... Salí del edificio y me dirigía a mi departamento.
Estaba pensando en mi nota del examen, la verdad no había estudiado mucho y se había notado.
Poco tardó en estallar el cielo, como si Dios llorara.
Relámpagos y una fuerte lluvia inundaron mis ojos, tuve que detenerme a ponerme la capucha y limpiarme la cara.
Oh, Dios que incesantes murmullos, ¡ya! quise apagar mi mp3... pero no estaba sonando.
Me dí la vuelta bruscamente para comprobar quien me estaba hablando, pero allí detrás no había nadie.
No se porque me asusté de tal modo, que eché a correr.
Mi corazón se estaba desesperando, ¿¡ pero que me ocurría !?
¿Nunca sintieron como el corazón se eleva hasta la garganta, como si quisiera salir?
Pues el mio no dudaba en hacerlo..
Cuando doblé la esquina, agarrándome el pecho agitado, vi la iglesia.
"Quizas así me sienta mejor..."- Dije mientras entraba.
Desde adentro se oía el eco de las gotas chocando con el suelo.
pero si... había paz.
Pocos minutos duré en salir, era bien tarde, y estaba un poco cansado.
Ya afuera, bajo el techo; me coloqué adecuadamente mi chaqueta y miré a mi alrededor. No había nadie.
Comencé a caminar mirando hacia abajo; y me encontré de frente con un pequeño banco.. No me había parecido verlo antes.
Y en él, un joven sentado, empapándose, casi sin abrigo.
No me atreví a decirle nada.. Pero cuando su mirada choco con la mía, temí por mi vida.
¡ Qué mirada mas profunda ! mas adolorida, como si hubiese sufrido mil penas.
Pero juraría que era joven, sí.

    Por fin llegué a casa... Todo estaba oscuro... Todo estaba helado.
Cene poco y en silencio.
Me metí a la ducha, bien ausente.
El agua hirviendo recorría mi cuerpo, como si me abrazara.
Era una sensación linda.
Como de... placer.
¿Que loco no?
Pero lo mejor fue cuando... me metí en mi cama, y sentí caricias en mi espalda.. como cuando se apoyan en ti... suavemente.
Parecía que alguien estuviese conmigo.
Alguien robusto, que ocupaba la mitad de la cama.

Todavía llovía cuando empecé a dormir... Pero no del todo.
Mi dolor de cabeza no me dejaba descansar plenamente.
Juraría que había pasado poco menos de una hora, pero mi reloj no indicaba eso, cuando a las 5:00 de la madrugada un fuerte estruendo hizo que sobresaltara .
¿Que fue? Oh, Dios... que susto.
Me levanté; un poco atemorizado...
Nada ocurría en mi cuarto, me dispuse a ir a la cocina, un rato allí a oscuras, apunto de volver, cuando miré por la ventana...
El garaje.... claro... de ahí fue el ruido...



7:45

- ¡Cielo Santo! ¡Que tarde es! -
Me vestí rápidamente, casi no probé bocado y salí corriendo.
Llegué a clase, todos estaban hablando aún, gracias a Dios, el profesor todavía no había llegado.
Pero eso sí... No tenía asiento libre.
Pronto llegó el maestro, y me indicó los asientos del fondo.
Odiaba sentarme por allí, ahí se sentaban los Freaks y casi no se oían las explicaciones.
Sin rodeos ni replicas, me senté atrás; solo.

El tiempo corría con tranquilidad...
Yo estaba distraído.. Miraba hacía fuera, como el viento soplaba con fuerza los arboles. 
El maestro había dejado tarea por hacer, y me dispuse a completarla.
...
¡¿ pero quien habla tan alto !?
Levanté la cabeza furioso... pero todos estaban en silencio...
¿me estaré volviendo loco?
Ya no me soporto... Otra vez quise llorar.
Una lágrima volcó en mis hojas... impotencia tal vez.
Pero... su cálida mano limpió mi rostro.
Miré hacía arriba, era un joven que estaba sentado a mi costado...
¿Tan distraído estaba que ni lo había visto?
Su cara era conocida para mí, pero no se de que.
No me asombra en mí, olvidarlo todo.
Le sonreí para ser cordial, pero él se mostró indiferente.
Quise agradecerle, pero él pose su dedo indice en mi boca, acariciando mis labios con sensualidad, su fuego interno cubrió mi cuerpo, su mirada encandiló mis pensamientos... Oh, sus ojos... negros como el cielo en su momento.
Uruha: G-Gracias... sabes no.. no he estado muy bien - me atreví.
Él me contesto... pero tan bajito que tuve que acercarme, y preguntarle repetidas veces que me lo volviese a decir.
Sonó el timbre, me asombré y miré hacia varios lados, cuando volví la cabeza él ya no estaba más.
¿Quién era el muchacho? No.. no me dijo su nombre.
Recogí todo muy rápido y salí fuera, ni alumnos habían ya, pero... ¿tan ausente estaré?

Esa tarde no era diferente a las otras, llovía descontroladamente, pero llevé paraguas.

A unos pocos metros de mi apartamento, me jalaron del hombro y me sobresalté.
De nuevo ese joven empapado... pálido, con sus ojos negros... buscando calor.
Uruha: Oh! eres tú, me asustaste, te juro que... - Pero me interrumpió.
Mao: T-tengo frío.... - susurró de tal modo, que casi no lo escuché.
No solía hacer estas cosas, pero algo me impulsó a entrarlo a mi casa.
Estaba mojado y tiritaba.
Lo coloqué cerca de la estufa y le ofrecí ropa seca... Después lo llevé a la cocina y le dí un té caliente, lo deje esperándome, y fui a ponerme algo cómodo a mi cuarto. Hacía frío.
Ahh... mi cabeza, me acosté en la cama, y cerré los ojos, por unos instantes.
Un calor me envolvió, como aquella noche pasada.
Abrí un poco los ojos, y Mao estaba recostado en mi pecho, y nos había tapado con la frazada superior.
Me pareció un tierno gesto. Así que no dije nada.

Pero lo pensé...
Había apagado las luces de la cocina y el salón, y ahora, estaba a mi costado, con su brazo derecho en mi pecho... Pesado.
La pantalla del ordenador estaba en frente. Pude ver sus enormes ojos negruzcos abiertos, mirándome como yo lo miraba a él.
Lentamente levantó su cabeza hasta fijar nuestras miradas...
Él se acercó a mi boca, e inexplicablemente yo también.


Sus labios rozaron los mios... Hervía, quemaba.. pero era hermoso.